20.12.2017

La tortuga roja

  Ángel García Romero

Vivir, morir… tal vez soñar

Siempre se ha dicho que el cortometraje es la mejor escuela de cine que existe, y que, quien desee abrirse camino en el mundo del largo, debe empezar pateándose todos los certámenes de cortos que le salgan al paso. Sin embargo, lo que no suele contarse tan alegremente es la triste realidad, el dato estadístico que confirma cuántas de esas incipientes carreras se desvanecen después de haber realizado un primer corto, o, en el mejor de los casos, quizá un par de ellos o tres. Algo análogo sucede con los premios, y me refiero a los importantes, los que se supone que abrirán al cineasta novel las puertas de la industria —por qué no de Hollywood, si lo que le gusta es soñar a lo grande—. El talento queda, empero, muchas veces sepultado por diversas cuestiones, fortuitas unas, envenenadas otras, sobre las que no es éste ni el momento ni el espacio para abrir un debate.

Pues bien, Michaël Dudok de Wit, artífice de La tortuga roja, pertenece a esa minoría de combatientes que, a pesar del olvido a que les sometió la industria tras ganar el premio gordo —en su caso, nada menos que el Oscar al mejor cortometraje de animación, por esa maravilla que es Father and daughter (2000)—, han perseverado hasta ver cómo sus sueños se convertían en un flamante primer largometraje.

Nacido en los Países Bajos en 1953, Dudok de Wit completó sus estudios de Bellas Artes en Suiza, antes de inscribirse en la británica Universidad de Artes Creativas de Surrey, donde presentó como trabajo de graduación en 1978 The interview, su primer corto de animación. Entusiasta del cómic franco-belga de línea clara, especialmente del trabajo de Hergé (padre de Tintín), el futuro director de La tortuga roja ha sabido aunar en sus animaciones rasgos que van desde la mencionada historieta francesa, hasta la estética grácil de las estampas japonesas, combinándolo todo junto a una concepción artística de los fondos altamente personal y de un enorme impacto expresivo. En este sentido, el visionado de sus cortometrajes en orden cronológico puede resultar muy revelador, partiendo de los brillantes divertimentos que suponen Tom Sweep (1992) y Le moine et le poisson (1994) —su primera nominación al Oscar—, hasta llegar a la emotiva Father and daughter y ese fascinante experimento de abstracción que es The aroma of tea (2006), dibujado y coloreado aplicando distintas infusiones de té sobre el papel. No obstante, durante los diez años que han pasado desde que finalizara este último trabajo, hasta el estreno de su primer largo, Dudok de Wit no se ha mantenido inactivo, colaborando profusamente como animador en numerosas campañas publicitarias internacionales, y apuntalando una sólida carrera como ilustrador de libros infantiles. (...)

Creditos

Dirección: Michaël Dudok De Wit

Guion: Michaël Dudok De Wit, Pascale Ferran

Música: Laurent Perez del Mar

Montaje: Céline Kélépikis

Diseño de producción: Michaël Dudok de Wit

Fondos: Julien De Man, Sebastien Dunon, Alexis Liddell, Emma McCann

Animadores: Jean-Christophe Lie, Paul Raymond Williams, Bob Wolkers, Krisztina Bakos, Pascal Herbreteau

Productores: Pascal Caucheteux, Vincent Maraval, Grégoire Sorlat, Toshio Suzuki, Isao Takahata

Intérpretes (voz): Emmanuel Garijo, Tom Hudson, Baptiste Goy, Axel Devillers, Barbara Beretta

Duración: 80 minutos

Idioma: Sin diálogos

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