25.01.2018

El rey de la montaña

  Julián de la Llana del Río

Supervivencia en un ambiente hostil

Cuando Quim (Leonardo Sbaraglia) se pierde con su coche por unos parajes montañosos, poco se puede imaginar que su peor pesadilla está a punto de comenzar: le disparan sin motivo aparente, y, herido, se internará en el bosque para huir de su perseguidor y salvar su vida. Bea (María Valverde), una chica que también está perdida, se une a él en su escapada. Pero alguien piensa que, en vez de víctimas, ellos son culpables...

Ya desde su primera película, la muy interesante Nómadas, y en su continuación, la no menos personal Sobre el arcoiris, Gonzalo López-Gallego apuntaba maneras de director seguro y con discurso, una rara avis entre los debutantes de su generación. Aquí, convengamos, ha bajado el nivel de sus exigencias estéticas, pero a pesar de sus debilidades, que las tiene, su nueva criatura luce no poco interesante. Historia que tiene en lo agreste del terreno, en la soledad y en la persecución sus bazas más espectaculares, El rey de la Montaña es, como Nómadas, también una reflexión sobre la violencia y quienes la ponen en funcionamiento; un juego cerebral y perverso en el que el director controla todo el tiempo a sus criaturas. Tiene problemas, quedó dicho: como que nos creamos el primer encuentro entre Sbaraglia, sobrio y dúctil como suele, y María Valverde, y las consecuencias que de él derivan. Pero la salva una puesta en escena contenida, la creación de un aire amenazante, lo abstracto de la propuesta.

Gonzalo López-Gallego en su tercer largometraje de ficción, y partiendo de una idea de Javier Gullón, guionista del film, se acerca desde el cine a esa generación que ha crecido con los videojuegos. Lo que no quiere decir, afortunadamente que la película represente un nuevo modelo de los muchos que pueblan el cine actual, envenenando el mismo con fórmulas estéticas vacías sin aportar absolutamente nada al arte cinematográfico.

No está basada en uno de esos videojuegos que tantos y tantos adeptos tienen, y cuyas ventas superan con creces lo imaginable. Pero bebe sabiamente de la fuente, aplicando perfectamente su esencia al diferente contexto de lo que supone realizar una película, la cual por cierto, no está exenta de errores, pero éstos provienen de algo que nada tiene que ver con el mundo de las consolas, las wii...

El rey de la montaña está dividido en dos partes bien diferenciadas, en las que el director decide, muy inteligentemente, cambiar radicalmente el punto de vista. Una primera parte, en la que el suspense es el arma que López-Gallego utiliza, unos momentos muy acertadamente, otros no tanto, para introducirnos en un universo casi minimalista, en el que dos personajes luchan ya no por entender lo que está sucediendo, sino por sobrevivir. Un hombre y una mujer unidos únicamente por el deseo de escapar a una especie de pesadilla que parece salida de cualquier film de terror para adolescentes. Es ésta una parte en la que el director aprovecha al máximo el escenario natural en el que se desenvuelve la acción: carreteras secundarias idénticas entre sí, que parecen no llevar hacia algún sitio en concreto, y bosques cuyos árboles ocultan una verdad terrible. La escueta trama tiende a caer un poco en la repetición de situaciones, y justo entonces, el film da un giro radical (desconocemos hasta ese momento a qué se enfrentan los protagonistas), logrando saciar en parte nuestro deseo de saber. La historia cambia de enfoque, el director muestra sus verdaderas cartas, y pasa con encomiable facilidad del terror casi de género a un terror más puro y realista, mezclado éste con la ficción de su puesta en escena, para interactuar con el espectador en un ejercicio que aprovecha al máximo su escueta premisa logrando una participación completa por parte de todo aquel que ha entrado de lleno en su juego. (...)

Creditos

Director: Gonzalo López-Gallego

Guion: Javier Gullón, Gonzalo López-Gallego

Fotografía: José David Montero

Música: David Crespo

Dirección artística: Peio Villalba

Productores: Juanma Arance, Juan Pita, Miguel Bardem, Elena Manrique, Álvaro Agustín

Montaje: Gonzalo López-Gallego

Intérpretes: Leonardo Sbaraglia, María Valverde, Thomas Riordan, Andrés Juste, Pablo Menasanch, Francisco Olmo, Manuel Sánchez Ramos

Localizaciones: Covaleda, Vinuesa, Salduero, Castroviejo, Sierras de Cebollera, Urbión y de la Demanda

Duración: 85 minutos

Idioma: Español

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